Estimular y lograr el correcto desarrollo de todas las capacidades del niño, tanto físicas como afectivas, intelectuales y sociales, respetando al máximo la diversidad y el ritmo natural de cada niño.
Crear un clima afectivo, enriquecedor y de seguridad que le permita desarrollarse y crecer feliz.
Fomentar en el niño una autoestima positiva, seguridad en sí mismo y autonomía personal.
Educación personalizada: cada niño es diferente. Debemos conocer cómo es cada niño para educarle como persona única e irrepetible, realizando un seguimiento individual de la evolución de su desarrollo educativo.
Favorecer el aprendizaje y adquisición de hábitos, valores y normas de conducta propios de estas edades.
Fomentar la participación de los padres, utilizando las tutorías periódicas como instrumento de comunicación entre el centro y las familias, con el fin de asegurar una actuación coherente y coordinada.
A través de una adecuada programación de actividades se logra estimular las distintas áreas de desarrollo del niño:
Desarrollo sensorial.
Desarrollo motriz.
Desarrollo cognitivo.
Desarrollo de hábitos de conducta.
Todo ello dentro de un ambiente lúdico, de seguridad, confianza, cariño y afecto, teniendo en cuenta los periodos sensitivos y cognitivos del niño.